Crisis que salvan

Gordon Brown, Primer Ministro británico, era un cadáver político hace apenas 3 semanas.  Todas las encuestas lo situaban muy por debajo de los conservadores británicos a sólo un año de las elecciones. Su imagen estaba, claramente, por los suelos. Ni el congreso de los laboristas, ni los asesores de imagen, ni el apoyo de J.K. Rowling (buena amiga suya y de su esposa) habían logrado una tímida aceptación pública del sucesor de Tony Blair. Todo el mundo coincidía que lo suyo era cuestión de semanas, que tarde o temprano se iba a despertar alguna batalla interna dentro del laborismo (alguna más) y que el primero en caer sería Brown.

Hasta que llegó la crisis.

Aparece hoy en el diario “El País” un artículo del reciente premio Nobel de Economía Paul Krugman alabando las medidas tomadas por el gobierno de Brown en la tormenta. Lo hace con cautela, sabedor de que este huracán financiero de categoría 5 todavía no ha pasado. Porque tal vez, cuando escampe, veremos las consecuencias que ha dejado en nuestro escenario cotidiano y será momento de evaluar lo hecho. Sin embargo, si algo caracteriza la actuación del gobierno británico en estos días respecto a otros gobiernos europeos y al propio gobierno americano, es que ha tomado el toro por los cuernos. Y en esto, Brown, les ha ganado la partida a todos. Más bien, ha dejado claro de qué partida estábamos hablando.

Más allá de la enorme cantidad de dinero que el Tesoro Público Británico ha puesto sobre la mesa para que el sistema financiero no acabara de hundir la economía (recordemos que miles de británicos tenían cuentas en bancos islandeses que han quebrado y el gobierno británico ha garantizado sus ahorros), la imagen de Brown durante estos días recuerda a la del héroe feo y desagradable que cuando las cosas se ponen terribles, sale a cubierta y lleva el timón del barco. Seguramente secundado por varios brillantes segundos de a bordo (ya veremos), pero con la firme decisión de marcar un rumbo en la tormenta. O llegamos a puerto con estas velas o nos hundimos con todo. Pero sobre todo, no nos quedamos dando vueltas en el ojo del huracán.

No se sabe todavía cuál será el efecto de las decisiones de Brown en su consideración por parte de los electores. Churchill perdió las elecciones tras la Segunda Guerra Mundial y su figura, cada día que pasa, crece en admiración y relevancia por lo que hizo frente a los nazis. Brown no es Churchill, ni tienen que ver, pero la madera de los líderes, de los héroes incluso, la marcan días como estos.

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